Archivo diario: 1 de mayo de 2012

En torno al día

LA NOCHE

Ligera camina ligera la noche

entre las estrellas, los cometas, los planetas vagabundos

y los pliegues del deseo.

Giran los astros internos azules de tan cercanos,

la ancestral presencia de ayer en fuga y la espera,

la espera que en la madrugada, en esta hora,

arrastra premonitorio un hálito helado,

frío y viscoso como un sapo,

como un hombre ausente o una sombra perdida en la nostalgia.

En la noche,  mientras lo que sucede más allá se tiñe de sospecha,

amenazante extrañeza,

mientras no florecen los tulipanes

y si acaso un suave rumor de asfódelos

gime bajo el leve tacto de la brisa oscura.

En la noche, rebosante de la espesa plenitud de las doncellas

y la inquieta urgencia de los muchachos.

AL ALBA

Lentamente el alba…,

asomó la luz por entre el quicio donde se funde el día,

el ruido, el afán, la prisa.

Unos hombres ausentes decidieron que…, decidieron que…

decidieron…

muchos pasos,

muchos miles de pasos les seguimos calladamente,

mansamente, con el consuelo triste de no estar quietos…, como aquel…

Y así lentamente se fundieron los destinos

de quienes viajábamos en el mismo vagón,

los silencios de quienes, sin ser enemigos,

evitábamos las miradas y el roce;

se confundieron las esperanzas

de los que sin detenernos advertíamos presencias,

olores, movimientos,

como de otros humanos,

como de nosotros mismos,

ulises cotidianos.

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Mediterráneo

Navega la mirada

la superficie insomne de continuo movimiento,

sumergida en el viento constante

que adormece a las aves marinas.

Ciudades de recuerdos, almenas de recuerdos,

lugares con nombres antiguos

que moraban hasta ahora en el recuerdo

Las miradas múltiples del asombro

acarician el lomo pétreo de las islas

que surgen de improviso entre las olas,

al sol hundiéndose en sangre lentamente

entre olas suavísimas

de remotos contornos

en Thera, en ese abrazo del interior del mundo

a la superficie líquida

de espejo donde el sol reluce;

en la líquida Venecia de calles marinas

viéndola surgir como un pez

de las olas del tiempo:

en Rodas, donde el Egeo me acarició

suave, sonriente, homérico.

Al nadar recordé a las sirenas;

En la pétrea Atenas ensimismada

cabalgando la historia

que en ella se detuvo.

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