Archivo mensual: febrero 2014

SOBRE UN PUENTE DEL RÍO ERESMA, EN OTOÑO, AL MEDIODÍA

Culmina el otoño. Las breves hojas
anuncian el rastro de tiempo amarillo
que fluye ensimismado
al alcance de mi mirada.

Sigo el rastro de la luz
entre los plátanos, los arces y el olmo
que se apoya en el agua, allí,
cerca de aquella pareja que se abraza.

Si fuera ave, rapaz; si animal,
lobo; si planta, romero. O esos
insectos o el lagarto que asume
en su piel el color de la experiencia.

Oigo las campanas de los Jerónimos,
oigo latir el corazón del puente,
veo el río que suavemente lame
el estrecho pasillo del agua.

Ahora aletean los pájaros de la memoria
que de tan repleta hierve,
en el horizonte de la vida entera,
en vuelo de recuerdos desvanecidos.

Las hojas del otoño en el reflejo del agua
se visten de verde en la luz amarilla,
y el río es árbol, árbol el río;
las orillas visten su curva perpleja.

Somero al tiempo, entre las piedras del fondo,
el pez estalla en giros y saltos,
el agua busca ansiosa el deseo marino,
las hoja caídas navegan su constancia.

En la noche vuela el murciélago ciego del
miedo.
En el río la certeza del destino espejea.

Mueve la memoria la rueda del molino,
en agua su solidez encarnada,
nunca constantemente la piedra aquieta
la inquieta solidez del agua.

Los reflejos del agua tras las luces rotas,
formas, perfiles, la suave pátina
del indolente ojo, el color y la figura,
renace el tiempo en la mirada.

Los reflejos musitan sonidos,
los gritos agudos de la inconsistencia
que en ella escapan hacia el
mar inmenso del olvido.

Los reflejos susurrantes,
sombras de sombras, sueños de sombras,
anónimo fluir de los suspiros,
palabras quedas.

La quietud del aire, descansan las hojas
levemente posadas en la esférica presencia
del mundo. El tañido de la campana, circular
también, arrastra ecos postreros.

Por entre las ramas de los abedules
busca la luz el deseo de su presencia,
y yo la envío, como ariete,
en calor humano transformada.

Recuerdo palabras, palabras luminosas,
en ellas cabalgan precisos los deseos,
rostros, paisajes…, recuerdo palabras
olorosas, suaves, agudas, con sabor a pan.

Tantos pasos, tantas esperas,
Fluye sin pausa el agua
Y todo es ya aquello, antes y ayer

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Poemas Infantiles I

En el mar las olas
parecen jugar
a  quién llega antes
y quién va detrás.
Son siempre las mismas,
contínuas y alegres,
vestidas de espuma
y de olor de sal.
El sol les dibuja
en sus lomos azules
contornos de estrellas,
de estrellas de mar.
Yo dejo mi vista saltar
por sus crestas,
resbalar jugando,
caer y saltar
como un pez alegre
o un delfín curioso,
como las gaviotas
que van a pescar.
En el mar las olas
que vienen y van
son siempre distintas,
parecen jugar…

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