Archivo mensual: marzo 2014

Retórica y poética III

TERCER PRECEPTO

Et in principium verbum

Poética

Aunque la verdad no fuera, suena hermoso porque dice: “El espíritu de Dios sobre las aguas”, un espíritu ausente y silencioso, ajeno, estrechamente en sí concreto, mudo. Nada inducía a pensar entonces que algo más que él se movía sobre la faz de un mar inerte, inmenso y sin olas, ni monstruos marinos en su vientre.
Una mano estricta desvió el cauce ensimismado (clausuró la luminosidad intensa del silencio). Sin otra intención, destino ni dirección aleteaba, supongo que pasaba hacia donde la ausencia de voluntad lo guiaba. Y comenzaron las palabras. Tan breves, tan aladas, tan preñadas, tan exactas…

Retórica

Como figura hústeron-próteron. Porque lo nuevo recapitula lo antiguo y todo ha de pasar por tal manera. Nada permanece sino el desconcierto de la materia que se aferra a la nada para permanecer, abismada en la nada de la que salió y donde sabe que volverá.
Cuando el orador avanza en su discurso continuamente piensa en el principio que inaugurará su conclusión, porque el entramado de su voz teje una nueva aurora donde se alzará la persuasión. Los objetivos a los que un discurso tiende no son sin más los del asentimiento, sino la recuperación del círculo íntimo de la vida humana. Porque el eterno retorno sostiene la potencia intensa de la palabra y del pensamiento. Al principio la palabra y en el entorno la palabra y al final la palabra incluso desecha en las hilachas de la historia, desgarrada por el trazo sinuoso de los recovecos de la memoria. Aquí no hay excusas ni entorno donde replegar el vuelo o esconder la mirada. Frente a lo dicho, la desnudez inmediata del pensamiento refulge con claridad insospechada, único, espléndido, nítido, solo.

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RETÓRICA Y POÉTICA II

SEGUNDO PRECEPTO

Antes del principio, el silencio

Poética

Antes del albor de las cosas, incluso antes de que comenzara siquiera a urdirse la zambra de donde proviene el lenguaje, el silencio.
Imaginamos el camino como ruido como la atronadora voz de un dios que hacía emerger las cosas a la orden de su voz,
como la explosión gigantesca de miles de soles que surgieran desaforados antes sus propios cuerpos desgarrados en el espasmo del alumbramiento de la infinitud de mundos, en espera de dimensiones que surgirían de su entraña aún caótica.
Una voz como de gigante, voz de masa asustada que grita su espanto por encima del horizonte sin medida ni harmonía. Pero… el silencio, solo el silencio habitaba la infinita extensión que aún no era ni infinita ni extensión, solo el silencio reinaba en aquella espantosa soledad fría e inerte,
Es terrible esta visión de un silencio absoluto, completo, total, compacto, sin fisuras que su sola imaginación llena de espanto.

Retórica

Anticipación, prolepsis. El ser humano en sí mismo, antes en el comienzo de sí como un grito o los tibios rayos solares premonitorios en la inquietud previa del dios. Antes de la luminosidad claridad, la luz misma sin sombra; antes del aleteo del ave, el impulso; antes de las palabras, la callada quietud donde reposan las ideas, que en el silencio se alimentan y crecen.
Por eso, en la técnica propia del oficio, dijeron los antiguos que había que detenerse dentro de uno mismo, detenerse, repasar, observarse con atención y sosiego, como el atleta cuando se concentra en la acción inmediata, como el David marmóreo en la contenida tensión que sin mirar atisba el futuro con tal impulso que ya se aprecia esa breve contención que precede al movimiento, y sin embargo, su mano aún no se tensa, y sus músculos relajados le hacen todavía elegante y aéreo, previo al orden y al vigor pétreo de la lucha

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RETÓRICA Y POÉTICA I

PRIMER PRECEPTO

Y la mente va donde el corazón la lleva (Zambrano)

Poética

La tensión del poeta le impulsa hacia dentro, no le expulsa de sí. Por eso, el movimiento primero que le urge afrontar consiste en ensimismamiento.
El poeta se embriaga de su propio e íntimo descubrimiento. “En la interior bodega de mi amado me entré y cuado salía por toda aquesta vega ya cosa no veía y el ganado perdí que antes seguía”. En este verso, Juan de la Cruz integra la visión poética en su lugar de esimismamiento ajeno al sentido, que de otra manera se fundiría en lo místico sin distinción e incluso en la curia ajena y fría del saber científico/intelectual

Retórica

Una vez mas Aristóteles: Sea la retórica el arte de encontrar lo adecuado en cada caso para producir la persuasión” Y la persuasión fluye por el cauce estrecho de las emociones, mejor aún, de la razón cálida y atenta de las personas, ausente esa otra razón de tacto frío y tez helada con que se pretende ofrecer la verdad siempre tan ajena.
Lo que no da igual, lo que merece la pena, vacila constantemente en el aliento de las decisiones cotidianas o de otras menos urgentes, más decisivas, más meditadas que las acacias mayores.

Primero sumergirse en uno mismo. Antes de hablar el orador respira pausado tomando fuerza para salir del mundo espectral del silencio. En ese movimiento agota la dialéctica del corazón que imagina con cada latido la posibilidad del horizonte cotidiano, y en la lengua la intensidad primera de la palabra que aun se espesa mientras se fragua en la íntima bodega.

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REFLEXIONES SOBRE LAS PALABRAS X

De entre las diversas formas de afrontar la realidad,
la del poeta se nutre de la paradoja de las palabras:
consiste en no asumirla, sino en reposar en ella.
El poeta se deja acariciar por la piel de las cosas.
Ni lo pretende ni lo procura, como gaviota mecida por las olas del inmensurable océano.
El poeta se ver sorprendido por su propia constancia,
entusiasmado, decían los griegos.

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Si

Si dijera las palabras que me guardo,
las que callo y las que olvido;
si mirara como suelen mirar quienes
desean o son arrogantes o desesperados;
si caminara con la misma prisa
con que lo hacen los que de sí huyen;
Si, como los que se atreven a surcar
la noche y rasgar las velas, naufragara continuamente;
si en ocasiones no fuera yo y al pensarme
descubriera alegrías ajenas, acaso otras caricias;
si supiera bailar, abandonar mi cuerpo
al alegre frenesí de la música,
si según camino reconociera los rostros de quienes vienen de frente o a mi lado;
si entre los ruidos cotidianos encontrara el refugio del silencio interno de los recuerdos;
si la luz del sol que baña las hojas de los plátanos tocara cálidamente mi cara…

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REFLEXIONES SOBRE LAS PALABRAS IX

En última instancia, diría un funcionario;

a la postre, un cursi;

al final, un cura;

la gramática, sintagma del carácter.

 

 

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VIVIR

VIVIR

Vivir cada día, cada hora,
requiere la intensidad
de saber
que detrás de cada puerta,
que al volver la hoja del periódico
que a la vuelta de la esquina
o al filo de una sonrisa
o tras el rostro satisfecho del sicofanta
no brote, quizá, lo que esperamos:
¡qué vegetales más tristes!
¡qué miradas más ausentes!
Lo batalla recrudece cada día
continuamente
en la espesura de lo cotidiano
y el billete de autobús
(13% de subida en 2012 en Madrid).
Los héroes antiguos lo tenían fácil:
con morir hermosos bastaba.
Ahora vivir cada día
apenas concede una corona de ruido
en las sienes derrotadas
de la rutina y el desencanto.

Poema incluido en la antología “En legítima defensa. Poetas en tiempos de crisis”,

presentada en el Centro Cultural Pilar Miró de Vallecas el 20 de marzo. Editorial Bartleby

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Poemas infantiles II El espejo

Al mirarme en el espejo
veo más que lo que veo:
mi cara, mis ojos negros,
mi pelo negro, mis manos…
Dentro del cristal me miran,
desde cerca y desde lejos:
una habitación de blanco
como la que tengo yo,
una mesa, una ventana,
en la ventana una rosa
y una muñeca igualita
que la mía, y una nube
empujada por el viento,
y en el espejo no hay viento…
Una niña que sonríe
cada vez que yo lo hago,
pero si hablo no habla,
pero si lloro no llora
porque siempre está callada.
Dentro del espejo vive
un silencio blanco y quieto,
sin palabras ni murmullos
sin música y sin jilgueros,
ni el sonido de los besos,
ni las dulces buenas noches,
ni el hasta mañana quedo.
Dentro del espejo vive
el silencio,
y sin olores,
que yo no lo huelo,
y el tacto siento siempre frío y plano
como la tripa de un pez
o la concha de un cangrejo.
Yo me miro en el espejo
y saludo a quien me mira,
le hago gestos con las cejas
y ademanes con las manos,
me doy la vuelta y no sé
si allí sigue o si también
se dio la vuelta conmigo.
Pero no quiero mirar
para imaginar después
cómo soy cuando no miro
y qué pasa cuando no estoy.

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REFLEXIONES SOBRE LAS PALABRAS VIII

Supongamos un adjetivo:
“falaz”, por ejemplo,
que ya por sí mismo algo expresa
pero aún no tiene entidad ni naturaleza,
apenas si existe,
a no ser que lo pensemos sólido, opaco,
sustantivado, es decir,
otra cosa:
“hombre falaz”, tautología.
Volvamos a su presencia de adjetivo:
requiere lo que no es,
la presencia, la consistencia del nombre
al que se aferra.
Quizá un verbo suavice su angustia
pero solicitará de él la servidumbre del predicativo,
le impondrá la cadena de su presencia perpetua
e inmediata: “el hombre habló falaz”;
sombra de aire sobre su inconsistencia;
como continua sobre la vida, la presencia huraña de la ausencia.

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Leopoldo María Panero, in memoriam

Labio de papel,
Frente de diente,
Cerebro en fuga
Como un amante
O un poseído por el demonio
De la metáfora.
En cada verso surge un hombre
Que no cesa de mover el aire con las manos,
Un molino insomne,
Como noria,
Y la serpiente sutil del ahora
Que ya es mañana
Y que ríe
De sí misma
Como del resto.
No, no, no, las manos agrietadas buscan
En el aire la piel,
El caparazón del cangrejo.
En la nada florece su verso
Alimentado de la inconstancia.
Dice: la vida es muerte y se ríe.
Panero
Leopoldo María Panero
Hijo oscuro de la noche de España,
De la poesía oscura,
De las negras palabras.
Fluye el acíbar del fruto huero
Donde anida el gusano.

Pero son olas que rompen en tu nombre,
Como filas de dientes,
Vertiendo la sangre que en el orden habita.
Panero:
La frente abierta por donde el corazón supura.

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