Archivo mensual: diciembre 2014

FILOCTETES ANTES DE PARTIR HACIA TROYA

Añoro ese otro aire que me rodeaba de niño
en las llanuras verdes donde pacían
los caballos de mi padre,
el sol suave de las mañanas de primavera
recién lavado en las aguas talares del mar,
la silueta de los montes ajenos a lo lejos
donde vivían, dicen, los inmortales
que yo nunca ví ni oí sino en las palabras de otros.
¡Ah! El aire limpio enardecía los pulmones,
bañaba la mente el icor divino
fortalecía los músculos y los huesos,
la felicidad brotaba con la facilidad
del tomillo o la mejorana o el cantueso.
La tarde en que la aciaga nave enfiló su negra proa
hacia puerto, y algunos corrieron a traer la noticia,
un viento de poniente arrastró heladas ráfagas
del desencanto, como un gemido…
Luego…, varones recios de feroces rostros,
conversaciones largas, regadas con vino y sevicia,
historias de celos, de mujeres, de hombres,
antiguas disputas, rencillas de juegos, apuestas,
envidia, avaricia y comercio mezclado, callado
bulbo oculto de la discordia donde anida la codicia.
Luego…, canciones de guerra con vinoso aliento,
promesas encendidas por el riente Baco,
palabras que aherrojaban como eslabones
de una sólida cadena de hierro y bronce.
Así se escribe el futuro, enajenándose del presente.
Así fui a la guerra para conquistar
a quien una vez desee, a quien ganó otro, a quien perdió.
¡La memoria…!, compañera cruel en las largas veladas
siempre presente e inquieta, su aliento cubre
de ponzoña la herida abierta del alma,
esa que no curan bálsamos, apenas el tiempo,
solo la muerte, si es que el Hades prohíbe los recuerdos.
Embarqué al cabo de un tiempo siempre escaso,
me despedí de mis perros, mis caballos y mis mujeres,
celebré un banquete para amigos y familiares
regado con vino de Tracia y palabras de aliento,
pero el pan me supo insípido y la carne sosa,
el vino recio, un punto amargo, las risas forzadas,
el adiós, la despedida: no era mi guerra aquella.
Ni lo fue nunca.

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