Archivo mensual: febrero 2016

DE LA MIRADA

 

DEL OTRO

No altera la mirada la luz,
la intensidad cenital de la luz,

sino el otro,
la del otro,
la mirada del otro,

la sugerencia que evoca el horizonte estricto del cauce
por donde discurre la conciencia.

En ese acontecer construimos nuestro propósito.

Y es quicio, el eje por donde se insinúan
las formas que afianzan
la ilusión de la memoria,

o el matiz o el rasgo
donde especularmente se fija
la presencia, nuestra solidez entre las cosas.

Como el aliento evoca un cuerpo y su calor,
el juego que siempre se juega,
consolida la mirada la sugerencia,
la forma y el instante,
ese momento de renacer y su angustia.

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DEL ESPEJO
Frente al espejo la mirada detenida, ausente o muda,
donde nadie más dialoga o estima
los propósitos, salvo la ineludible presencia.

Pero el reflejo no es luz ni tampoco expectativa,

nada más que hueco
del mundo bipolar y la gangrena
donde alardea el quehacer,

y conciencia recobrada.

El espejo converge en el futuro
con la urgencia del temor,
con la prisa de lo postrero,

la circular presencia, y el color,
fomenta la huida: incluso los héroes
enturbian el semblante o hurtan el rostro.

Solo el reflejo espera, como los lamentos,
balanceando en la inercia su tentáculo viscoso,

e inaugura, sumido en la inquietud,
la derrota siempre presente
con su estela de renuncias.

Sola la figura, el reflejo y el presentimiento
en la mirada

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DE SÍ
¿Entonces quién inaugura de sí cada día
el círculo eterno del retorno,
de ser siempre sí mismo
ya acontecido?

De nuevo igual.
Amanecemos a la conciencia

en el ritmo y la melodía de las formas
con la fugacidad veloz de la luz.

Frente al espejo del otro.

En la memoria de la mirada.

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