Edipo Rey II

La tragedia Edipo Rey, de Sófocles, ha sido considerada ya desde Aristóteles, que la estudia con detención y la pone de ejemplo en su Poética, como la obra maestra de Sófocles y modelo da la tragedia griega. Se representó los años 430 y 425 a.d.C.

Modelo de tragedia

Una de las claves de su perfección se encuentra en la precisa estructura mediante la que se desarrolla, que sirve de modelo para estudiar la tragedia griega y de referencia y guía para otras obras. Su forma balanceada y precisa, le permite desarrollar la acción, siguiendo los cánones clásicos, de una manera armoniosa, al tiempo que cumplir los diversos propósitos que estructuran el teatro griego.

En la obra teatral de Sófocles, que desarrolla el motivo central del ciclo teatral tebano, no se recoge el mito de Edipo por entero, sino que comienza, en cierta paradójica manera, por el final. Se han cumplido el oráculo y ya Edipo ha matado a su padre y se casó con su madre, de la que ha tenido cuatro hijos/hermanos: Antígona, Ismene, Eteocles y Polinices. Los cuatro serán objeto de posteriores desarrollos dramáticos, muy especialmente Antígona, personaje protagonista de la gran tragedia de su mismo nombre.

Prólogo de Edipo Rey

Edipo reina en Tebas, ignorante de haber cumplido el oráculo, confiado en que logró zafarse de él al marchar de Corinto y llegar a Tebas. Sin embargo, el oráculo se ha cumplido y aguarda ya en el mismo corazón de la ciudad el castigo que ha de cernirse sobre Edipo, independientemente de que éste haya obrado de manera voluntaria o no, porque la fuerza del destino y la ira de los dioses son independientes de la decisión humana.

Desde el punto de vista teatral, la obra comienza con un Prólogo. Enfrente del palacio un grupo de ancianos y jóvenes, que llevan ramas de olivo, están sentados en actitud suplicante. El sacerdote de Zeus se dirige solo hacia el palacio. Edipo aparece acompañado por dos ayudantes, contempla a los ciudadanos y les habla. Se dirige a ellos como un rey preocupado por su pueblo y con genuino interés por solventar la situación. El sacerdote de Zeus le recuerda los actos anteriores que Edipo hizo en ayuda de Tebas y le suplica acabar con esa desgracia. Edipo responde asegurando su disposición a ello, y que ya ha mandado a Creonte, su cuñado, al oráculo de Delfos. En ese momento llega Creonte, quien comunica lo dicho por el oráculo. Que ha de castigar al culpable de la muerte de Layo. Edipo asegura que se ocupara de investigar lo que entonces no se hizo, pues se fiaron del testimonio del único superviviente de que un grupo atacó al rey Layo.

El conflicto dramático

El conflicto dramático queda planteado. Edipo, rey extranjero, pero amante de su ciudad, a la que ha ayudado en varias ocasiones, muy especialmente a librarse de la esfinge, promete encargarse de investigar quién fue el asesina de Layo, el anterior rey y su padre, para darle muerte, tal como el oráculo ha dicho. Ignorante de su propio destino, Edipo se convierte en el protagonista tanto de la investigación, como de la justicia, como del castigo. Él mismo se buscará a sí mismo en una indagación intensa y cada vez más trágica conforme se acerca a la verdad.

Su búsqueda sincera de su propio castigo, empujado por la fuerza implacable del destino, todavía nos estremece a los espectadores actuales, porque expresa de manera sublime la lucha del hombre contra aquello que le supera y frente a lo que no cabe ni voluntad ni esfuerzo, sino únicamente padecer su fuerza imperiosa. Cuando al final de la obra Edipo se hiera los ojos y se destierre de Tebas, no hará sino plegarse a lo inevitable, cerrar un círculo que le condena al hades de sí mismo. El infierno no son los otros, el infierno consiste en descubrir la propia verdad.

Catarsis

La catarsis de que habla Aristóteles en la Poética nos arranca imperiosa la piedad hacia este personaje que cae desde el reino al exilio, ciego, solo, atrozmente torturado por la culpa de algo que no puede evitar en manera alguna y el temor que anida en todos los hombres de verse es situaciones análogas a merced de lo que antes se llamaba destino.

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