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Orestes

Orestes pertenece al ciclo micénico de personajes de la tragedia. Si el ciclo tebano construye las grandes figuras de Edipo y de Antígona, en este ciclo sobresalen Orestes y su hermana Electra. Diversas tragedias desarrollan sus personalidades y caracteres hasta hacer de ellos tipos dramáticos y humanos universales.

Orestes era hijo de Agamenón, jefe de los griegos que marcharon contra Troya, rey de Argos (o Micenas o Lacedemonia) y Clitemnestra, hermana de Helena, la que escapó con Paris y fue motivo para iniciar la guerra. Orestes tuvo tres hermanas, Crisótemis, Laódice (Electra) e Ifianasa (Ifigenia), de las cuales las dos últimas merecieron también tratamiento dramático. De su unión con Casandra, su botín de guerra en Troya, Agamenón también fue padre de Pélope y Teledamo, hermanastros, pues, de Orestes

Se le asignan varios episodios en la mitología, pero los referidos al teatro son especialmente los que tienen que ver con la venganza del asesinato de su padre. Aparece en Áulide, donde acompañó a su madre y a Ifigenia cuando ésta fue sacrificada. De tal suceso arranca la tragedia que va a acompañar a la familia Atrida. La flota aquea que se dirigía Troya se encontraba en Áulide y, consultado el adivino Calcante, éste dijo que sólo se podría romper la calma si se sacrificaba a Ifigenia, la hija de Agamenón. Éste se negó, pero presionado por Menelao y Odiseo cedió. Mandó a por su hija con la excusa de casarla con Aquiles. Calcante sería el encargado de sacrificarla. La leyenda cuenta que en el momento de matarla la diosa Ártemis se la llevo a Táuride.

Clitemnestra desde entonces guardó rencor a su marido. A la vuelta de Agamenón victorioso de Troya, con Casandra como botín de guerra, lo mata con la ayuda de Egisto, con quien ya estaba unida adúlteramente. Este asunto se desarrolla en la tragedia Agamenón, de Eurípides. Cuando sucede el asesinato de Agamenón a manos de Egisto y Clitemnestra, Orestes logra salvarse debido a que su hermana Electra lo llevó a la Fócide, donde se crió en la corte del  rey Estrofio, padre de Pílades, que aparece como compañero suyo en la tragedia Las coéforas.

Cuando llegó a ser adulto, Apolo le ordena vengar la muerte de su padre. La muerte de Agamenón, la venganza por parte de Orestes y  el castigo y luego redención de su crimen, ocupan la Orestea, de Esquilo, única trilogía que conservamos íntegra. También escribieron sobre Orestes en este tema  Sófocles y Eurípides. Esquilo hace que las Erinias persigan a Orestes tras la muerte de su padre, mientras Orestes marcha a Delfos a purificarse en el santuario de Apolo. Aunque lo hizo, no se libró de las Erinias, para lo cual tuvo que someterse a juicio en Atenas. El jurado lo componían doce jueces que empataron en las votaciones, por lo cual tuvo que decidir el voto de Atenea, que lo absolvió. Otras tradiciones lo hacen comparecer en Argos.

Una vez absuelto, se dirige a Apolo  en busca de orientación sobre su vida, y la Pitia, la sacerdotisa del dios,  lo envía a Táuride, a  buscar la estatua de  Ártemis. Allí se encontrará con Ifigenia. Los habitantes de Táuride  retenían a los extranjeros y los sacrificaban a su diosa, y eso hicieron con Orestes y Pílades. Su hermana tuvo que intervenir para liberarlos, hasta que tras varias vicisitudes son auxiliados por Atenea y llevan la estatua al Ática, donde erigieron un templo a Ártemis

Tras esto Oretes se estableció en Argólide, se casó con  su prima Hermíone, de la que tuvo un hijo llamado Tisámeno. Murió a edad muy avanzada.
Se contaba en Roma que Orestes había muerto en Aricia, y que sus restos se trasladaron a Roma y reposaban debajo del tempo de Saturno

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Edipo Rey II

La tragedia Edipo Rey, de Sófocles, ha sido considerada ya desde Aristóteles, que la estudia con detención y la pone de ejemplo en su Poética, como la obra maestra de Sófocles y modelo da la tragedia griega. Se representó los años 430 y 425 a.d.C.

Modelo de tragedia

Una de las claves de su perfección se encuentra en la precisa estructura mediante la que se desarrolla, que sirve de modelo para estudiar la tragedia griega y de referencia y guía para otras obras. Su forma balanceada y precisa, le permite desarrollar la acción, siguiendo los cánones clásicos, de una manera armoniosa, al tiempo que cumplir los diversos propósitos que estructuran el teatro griego.

En la obra teatral de Sófocles, que desarrolla el motivo central del ciclo teatral tebano, no se recoge el mito de Edipo por entero, sino que comienza, en cierta paradójica manera, por el final. Se han cumplido el oráculo y ya Edipo ha matado a su padre y se casó con su madre, de la que ha tenido cuatro hijos/hermanos: Antígona, Ismene, Eteocles y Polinices. Los cuatro serán objeto de posteriores desarrollos dramáticos, muy especialmente Antígona, personaje protagonista de la gran tragedia de su mismo nombre.

Prólogo de Edipo Rey

Edipo reina en Tebas, ignorante de haber cumplido el oráculo, confiado en que logró zafarse de él al marchar de Corinto y llegar a Tebas. Sin embargo, el oráculo se ha cumplido y aguarda ya en el mismo corazón de la ciudad el castigo que ha de cernirse sobre Edipo, independientemente de que éste haya obrado de manera voluntaria o no, porque la fuerza del destino y la ira de los dioses son independientes de la decisión humana.

Desde el punto de vista teatral, la obra comienza con un Prólogo. Enfrente del palacio un grupo de ancianos y jóvenes, que llevan ramas de olivo, están sentados en actitud suplicante. El sacerdote de Zeus se dirige solo hacia el palacio. Edipo aparece acompañado por dos ayudantes, contempla a los ciudadanos y les habla. Se dirige a ellos como un rey preocupado por su pueblo y con genuino interés por solventar la situación. El sacerdote de Zeus le recuerda los actos anteriores que Edipo hizo en ayuda de Tebas y le suplica acabar con esa desgracia. Edipo responde asegurando su disposición a ello, y que ya ha mandado a Creonte, su cuñado, al oráculo de Delfos. En ese momento llega Creonte, quien comunica lo dicho por el oráculo. Que ha de castigar al culpable de la muerte de Layo. Edipo asegura que se ocupara de investigar lo que entonces no se hizo, pues se fiaron del testimonio del único superviviente de que un grupo atacó al rey Layo.

El conflicto dramático

El conflicto dramático queda planteado. Edipo, rey extranjero, pero amante de su ciudad, a la que ha ayudado en varias ocasiones, muy especialmente a librarse de la esfinge, promete encargarse de investigar quién fue el asesina de Layo, el anterior rey y su padre, para darle muerte, tal como el oráculo ha dicho. Ignorante de su propio destino, Edipo se convierte en el protagonista tanto de la investigación, como de la justicia, como del castigo. Él mismo se buscará a sí mismo en una indagación intensa y cada vez más trágica conforme se acerca a la verdad.

Su búsqueda sincera de su propio castigo, empujado por la fuerza implacable del destino, todavía nos estremece a los espectadores actuales, porque expresa de manera sublime la lucha del hombre contra aquello que le supera y frente a lo que no cabe ni voluntad ni esfuerzo, sino únicamente padecer su fuerza imperiosa. Cuando al final de la obra Edipo se hiera los ojos y se destierre de Tebas, no hará sino plegarse a lo inevitable, cerrar un círculo que le condena al hades de sí mismo. El infierno no son los otros, el infierno consiste en descubrir la propia verdad.

Catarsis

La catarsis de que habla Aristóteles en la Poética nos arranca imperiosa la piedad hacia este personaje que cae desde el reino al exilio, ciego, solo, atrozmente torturado por la culpa de algo que no puede evitar en manera alguna y el temor que anida en todos los hombres de verse es situaciones análogas a merced de lo que antes se llamaba destino.

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La poética de Aristóteles

Aristóteles, 384-322 a. C es el verdadero iniciador de los estudios literarios. Su obra Sobre la poética constituye el inicio del análisis literario, con observaciones y aportaciones que han dejado huella constante en la historia y llegan hasta nuestros días.  Su estela se puede encontrar de manera más o menos declarada en ámbitos tan dispares como la literatura, la dramaturgia o los estudios sobre cine.

La poética se compuso hacia el año 335. Forma parte de los apuntes que Aristóteles preparaba para sus clases de liceo. En ella se distinguen dos partes, los capítulos I-IV, donde se contienen los principios generales, y los del VI al XXI, respecto a las principios particulares. El libro se encuentra en estado fragmentario. Fundamentalmente, trata sobre la tragedia, aunque su título  y primeras líneas indiquen un interés más amplio.

En los primeros capítulos va a tratar de cuestiones generales, como sobre las formas de la poesía, según los medios para mimetizar, los objetos mimetizados o las formas de la mimesis. Este concepto, el de mimesis es central en la teoría poética y dramática de Aristóteles. La mimesis consiste en una imitación de una acción humana, cuya contemplación proporciona placer, placer plenamente humano de triple raíz, intelectual, estética y ética-psicológica. Por otra parte, considera  Aristóteles que la tendencia a imitar es connatural al hombre.

A partir del capítulo sexto, trata sobre la tragedia, ya que para el filósofo esta es la más genuina forma de poesía. En el capítulo Vi define la tragedia y sus partes, haciendo ver que la más importante es la fábula. Las otras partes son los caracteres, el pensamiento, la elocución, la melopeya y el espectáculo. Desarrolla en los capítulo VII al XIV los contenidos sobre la trata y estructura y sus efectos. En los siguientes desarrolla,  sus ideas sobre el reconocimiento, el pensamiento y el lenguaje y la elocución. Los últimos cuatro capítulos versan sobre la epopeya.

Aunque su nombre nos lleve a pensar en que trata acerca de poesía, tal como hoy lo entendemos como poesía lírica, realmente se ocupa de la tragedia y promete ocuparse en otra obra de la comedia. De hecho el capitulo V señala que la comedia es mimesis de hombres inferiores, mientras que en capítulo VI que la tragedia es mimesis de una acción noble y eminente. Ambas parten del mismo punto, la mimesis, pero de manera diferente.

La tragedia “es mimesis de una acción, realizada por unos personajes que actúan y que por necesidad se muestran como son según su carácter o su pensamiento”. La frase contiene la esencia del teatro aquí dicho en tanto que poesía. En efecto, el teatro cosiste en acción, que se vehicula a través de la fábula que se cuenta en una obra, es decir, la historia en la que se va desarrollando las situaciones en las que se mueven esos personajes. Consiste en una estructuración de los hechos de acuerdo a una lógica autónoma, pero causal de los hechos. La causalidad se constituye en rasgo esencial de la trata de la tragedia… De ahí que la fábula sea la parte más importante según la opinión del estagirita.
Lo que el dramaturgo pretende, en último extremo es una representación de la realidad, en el caso del teatro, de acciones de hombres eminentes o inferiores si es comedia. Se trata de recrear un universo homólogo del real, que refleje, antes que reproducir, los propios modelos y leyes que rigen el cosmos, de manera que se capte lo universal y permanente de la naturaleza humana.

Otras característica importante señala Aristóteles para la tragedia, que es la que tiene como objetivo conseguir la catarsis del temor y la piedad .Dice Aristóteles “la tragedia [es] imitación de una acción noble y completa, de cierta extensión, en lenguaje sazonado, separada cada una de las especies en las distintas partes, actuando los personajes y no contándolo, y que mediante temor y la piedad lleva a cabo la purgación (catarsis) de tales afecciones”. Es decir, la tragedia no solamente es considerada como arte, sino también como conteniendo en sí efecto terapéutico, pues mediante lo que ocurre en el escenario, el espectador siente temor de poder sufrir aquello que allí ocurre y compasión porque a hombres como él mismo sucede

De esa manera arroja fuera de sí esos sentimientos que podrían resultar nocivos. Otra función tendrá la comedia

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Das grammatische Auge

Un pequeño premio para mi cuento Das grammatische Auge (El ojo gramático) de la Escuela Oficial de Idiomas de Alcorcón. Con un poco de ayuda…, pero puedo decir que el cuento es mío.

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 Das grammatische Auge

 Jeden Morgen sage ich meinen Augen: öffnet euch mal! Sie öffnen sich  gehorsam, pünktlich, großzügig zum Licht. Eines Morgens sagte ich, wie immer: Öffnet euch!!!, aber nur eins von ihnen öffnete sich.  Ich geriet in Panik und ging schnell zum Arzt. Der Augenarzt sagte etwas Seltsames, seltsame Worte, aber immerhin, dass ich ein Auge verloren hatte. Am nächsten Morgen sagte ich besorgt: öffnet euch mal. Aber nichts passierte. Ich dachte mit Angst: ich bin blind! Eine Weile später dachte ich… und sagte ich…: öffne dich!!!, und es öffnete sich und das Licht tauchtete meinen Geist ein. Das ist ein sehr strenges Auge in grammatischer Hinsicht.

 El ojo gramático

  Cada mañana al despertar digo a mis ojos: ¡abríos!  Ellos, obedientes, puntuales, generosos se abren a la luz. Una mañana dije, como siempre: ¡abríos!, pero sólo uno de ellos lo hizo. Asustado, fui rápidamente al médico. El oftalmólogo dijo algo raro, palabras extrañas, pero, al fin y al cabo, que había perdido un ojo.  A la mañana siguiente, inquieto, grité: ¡abríos!, y nada sucedió. Pensé con angustia: ¿estoy ciego! Después de un rato pensé… y dije…: ¡ábrete!  Se abrió y la luz baño mi cerebro. Es un ojo muy estricto en corrección gramatical.

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Protocolos

Voy a mear, a escupir,

a cagar y expulsar mocos

y saliva,

sacaré cera de mis oídos

y lágrimas del corazón

para cumplir con los prescritos protocolos

y ver si se contaminan de vergüenza todos los que se esconden

detrás de las palabras

para no decir nada,

para transformarlas en virus que socaba

la realidad humana

y sus contornos,

para volvernos ciegos de mente, de ojos y ciegos de corazón.

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Las razones de Caín II

Vagué sin rumbo, perdido
del mundo y de mí mismo,
que la maldición de un Dios
pesa como piedra de molino
y ni morir podía ni vivir,
sólo caminar ausente
cansado del horizonte
abierto que continuamente
me clausuraba, marcado en la frente,
en impotencia de querer
alejarme hacia ninguna parte.
Decidí construir un muro
alto como de dos hombres
que rodeara sin salida
un lugar donde encerrarme
Comencé por poniente
en trazado irregular
decidiendo qué dejar fuera
y qué dentro
de las cosas sobre las que decidir
podía, animales diminutos
plantas sin flores
rocas, piedras, suspiros
esperanzas y adioses.
El muro fue creciendo hacia el sur
alto, oscuro, imponente.
Vinieron algunos de las tribus vecinas
asustados por ver si en algo
les afectaba a ellos o sus posesiones,
pero entendieron que la idea
en nada pretendía ordenar las cosas
sino ocultar el destino,
y volvieron oscuros bajo la noche
a sus casas con fuegos
llantos de niños y calor de mujeres.
Al cuatro día ya encaminaba
al este y la luz buscaba huecos por donde
depositar su simiente.
Apresuré la fábrica
de manera que al sexto concluí
el círculo enmurallado conmigo dentro.
Sentí cómo la tierra suspiraba
intensamente aliviada
Pasaron los días,
un día y otro día y otro día,
hasta que nadie ya por encima del muro miraba
ni arrojaban piedras los muchachos
ni los perros ladraban
Yo tampoco me asomé a ver
porque nada hubiera que me interesara.
Y se olvidó el lagarto de subir el muro,
y la golondrina de colgar el nido
el sol de su círculo, la luna de su noche.
Me quedé por fin solo y quieto.
Se olvidaron las nubes de traerme agua,
las mieses de crecer,
me olvidé de recordar
o del dolor de la memoria,
me olvidé de Dios
y él de mí.

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Las razones de Caín I

Su sombra se deslizaba delante de mí
aunque él detrás caminaba, acompasado
su paso a mi paso, con el lento andar
de los que vuelven del trabajo agotado el día.
Pensé en cuántas veces, de niños, así aconteciera,
que su sombra o su risa surgía del aire
detrás de mí, porque era más pequeño,
y le gustaba jugar como suelen los niños.
Ahora caminábamos sin hablar, solo juntos,
lejanos ciertamente en los pensamientos e intenciones:
en cómo cada uno recorrería la vida,
en lo que hacer cuando llegáramos a casa, una vez
recogidos los aperos y lavadas las manos,
después de cenar, cuando el frescor de la noche
embriaga los sentidos y alimenta de fuerza
los músculos, el alma con deseos.
Bebería vino… ¡Ah, su recio sabor hiere la boca
y enardece el cuerpo enervado por la labor cotidiana!
Pensaba en la reciedumbre del vino
llenando mi boca de sabor, limpiando el polvo,
devolviéndome los sentidos enajenados.
Pero allí, mientras caminaba y me dolía el hombro
por algún esfuerzo demasiado intenso
y las piedras me arañaban los pies…
veía su sombra sonriente, ufana, cansada pero ágil,
como si por él el cansancio, los días,
la constante preocupación por la tierra,
por el sustento, la pesada obligación del trabajo diario,
no fueran sino juego, ofrenda a ese Dios del que hablaba
como si también con él jugara.
No fue un momento, ni un arrebato, sino el día a día,
el cada momento que una nueva humillación
roporcionaba, el semblante siempre sonriente,
los pequeños favores, las caricias de la madre,
la expresión del padre. No comienzan la inquina
de inmediato, como no sale el sol de improviso.
Poco a poco,  muchas raíces nutren la hierba del rencor,
que se trabaja lentamente en el alma,
como el marmolista dibuja figuras y bordes,
como el cantero alisa la superficie rugosa del granito.
Requiere tiempo y paciencia taladrar la piel dura
del espíritu, su coraza tan finamente templada,
pero consigue el agua quebrar la roca
con la sola constancia, con el incesante tiempo,
con la pasiva inclinación del mundo.
Crece la espiga nociva del resentimiento, alimentada
por aquellos que creen hacer bien por agasajar a uno,
por olvidar a otro, defecto que todo un dios detentaba,
por eso su sombra, tras de mí en el camino, pesaba
como losa que me impidiera de mí mismo
ilusionar mi futuro, gozar la tierra presente, crecer.
Preciso, silente, rápido ocurrió.
Un giro, un golpe, un sonido breve, seco, ausente,
un halo de polvo que brotó de la tierra
al caer su cuerpo en el camino
La violencia del golpe se abatió de repente
sobre mis músculos, mis pulmones…,
me dejé caer a su lado en el camino,
miré su rostro, apenas sucio, bello, plácido,
la angustia de la muerte no alteró su faz
ni funeraria máscara cubrió su semblante.
Parecía vivo como cuando estaba vivo.

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Reclamo

Del cielo tan claro
del mes de enero, frío y diamantino,
el color reclamo.

Reclamo a la piedra
donde me paro, que ausente reposa,
su perfil de espera.

Y al ciprés enhiesto
noble agorero, que se mece almo,
reclamo consuelo.

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Haiku 1

Te mentiría

si te dijera que no

y no te digo

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REFLEXIONES SOBRE LAS PALABRAS XIII

Palabras de diente: pobreza, miedo, escarcha.
Palabras de pobre: comer, liendre, mañana.
Palabras de angustia: ahora, ahora, ahora.
Palabras vacías: mundo, trasmundo, inframundo.
Palabras insomnes: hijo, espera, trabajo.
Palabras de olvido: nunca, siempre, acaso.
Palabras de aire: aire, amor, palabra.

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