La poética de Aristóteles

Aristóteles, 384-322 a. C es el verdadero iniciador de los estudios literarios. Su obra Sobre la poética constituye el inicio del análisis literario, con observaciones y aportaciones que han dejado huella constante en la historia y llegan hasta nuestros días.  Su estela se puede encontrar de manera más o menos declarada en ámbitos tan dispares como la literatura, la dramaturgia o los estudios sobre cine.

La poética se compuso hacia el año 335. Forma parte de los apuntes que Aristóteles preparaba para sus clases de liceo. En ella se distinguen dos partes, los capítulos I-IV, donde se contienen los principios generales, y los del VI al XXI, respecto a las principios particulares. El libro se encuentra en estado fragmentario. Fundamentalmente, trata sobre la tragedia, aunque su título  y primeras líneas indiquen un interés más amplio.

En los primeros capítulos va a tratar de cuestiones generales, como sobre las formas de la poesía, según los medios para mimetizar, los objetos mimetizados o las formas de la mimesis. Este concepto, el de mimesis es central en la teoría poética y dramática de Aristóteles. La mimesis consiste en una imitación de una acción humana, cuya contemplación proporciona placer, placer plenamente humano de triple raíz, intelectual, estética y ética-psicológica. Por otra parte, considera  Aristóteles que la tendencia a imitar es connatural al hombre.

A partir del capítulo sexto, trata sobre la tragedia, ya que para el filósofo esta es la más genuina forma de poesía. En el capítulo Vi define la tragedia y sus partes, haciendo ver que la más importante es la fábula. Las otras partes son los caracteres, el pensamiento, la elocución, la melopeya y el espectáculo. Desarrolla en los capítulo VII al XIV los contenidos sobre la trata y estructura y sus efectos. En los siguientes desarrolla,  sus ideas sobre el reconocimiento, el pensamiento y el lenguaje y la elocución. Los últimos cuatro capítulos versan sobre la epopeya.

Aunque su nombre nos lleve a pensar en que trata acerca de poesía, tal como hoy lo entendemos como poesía lírica, realmente se ocupa de la tragedia y promete ocuparse en otra obra de la comedia. De hecho el capitulo V señala que la comedia es mimesis de hombres inferiores, mientras que en capítulo VI que la tragedia es mimesis de una acción noble y eminente. Ambas parten del mismo punto, la mimesis, pero de manera diferente.

La tragedia “es mimesis de una acción, realizada por unos personajes que actúan y que por necesidad se muestran como son según su carácter o su pensamiento”. La frase contiene la esencia del teatro aquí dicho en tanto que poesía. En efecto, el teatro cosiste en acción, que se vehicula a través de la fábula que se cuenta en una obra, es decir, la historia en la que se va desarrollando las situaciones en las que se mueven esos personajes. Consiste en una estructuración de los hechos de acuerdo a una lógica autónoma, pero causal de los hechos. La causalidad se constituye en rasgo esencial de la trata de la tragedia… De ahí que la fábula sea la parte más importante según la opinión del estagirita.
Lo que el dramaturgo pretende, en último extremo es una representación de la realidad, en el caso del teatro, de acciones de hombres eminentes o inferiores si es comedia. Se trata de recrear un universo homólogo del real, que refleje, antes que reproducir, los propios modelos y leyes que rigen el cosmos, de manera que se capte lo universal y permanente de la naturaleza humana.

Otras característica importante señala Aristóteles para la tragedia, que es la que tiene como objetivo conseguir la catarsis del temor y la piedad .Dice Aristóteles “la tragedia [es] imitación de una acción noble y completa, de cierta extensión, en lenguaje sazonado, separada cada una de las especies en las distintas partes, actuando los personajes y no contándolo, y que mediante temor y la piedad lleva a cabo la purgación (catarsis) de tales afecciones”. Es decir, la tragedia no solamente es considerada como arte, sino también como conteniendo en sí efecto terapéutico, pues mediante lo que ocurre en el escenario, el espectador siente temor de poder sufrir aquello que allí ocurre y compasión porque a hombres como él mismo sucede

De esa manera arroja fuera de sí esos sentimientos que podrían resultar nocivos. Otra función tendrá la comedia

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Hoy

En el cielo gris,

las nubes grises, de muchos grises,

convocan un día esencial y primero

del que pende la lluvia y la vida.

No encandila el cielo el sol triunfante

ni resplandece el azul

ni los colores flamean

como esas personas rutilantes

que atraen la vista

y detienen los pasos.

Más bien hoy se parece a esas

personas invisibles

que sostienen el ritmo del mundo,

cotidianos e imprescindibles.

Algunas gotas de lluvia

golpean la ventana

anunciándose savia del árbol

arroyo y

fuente alegre  del futuro verano

y rumor de recuerdos.

No rugen los torrentes de luz

ni se derrama el agua en cascadas

de arco iris

como esas personas que

que provocan risas y miradas,

quienes concitan entorno a sí

llamadas y algarabía

que gritan con su presencia.

Estas son gotas como

personas silenciosas

que preparan la comida

y pasean por el parque con un perro blanco,

y un rastro suave de pensamiento.

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Amargura

Florece la flor de la amargura en las palabras

desde la honda raíz del desencanto.

Una flor desabrida, escasa, triste,

en palabras sin aroma.

Su raíz se hunde en la carne

con la tenacidad del gusano

y, tenaz como él,

serpentea por la piel

hiriendo los recuerdos,

en el reseco erial donde anida la culebra,

el dios inmóvil,

la tormenta sin lluvia.

¡Ay, la tristeza!

¡Ay, el aroma especular de la tristeza!

¡Ay del insomne, del loco y del triste!

Abre la boca y gime

el diente ciego frente a la furia

y el labio de diente

y el diente de diente en la frente

que supura

la amargura.

amargura

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Sé todas las palabras

 

¡Sé tantas palabras!

Toda la vida aprendiendo palabras

Quizá ya las conozco todas

Y las que no…

Ya no importa.

Y ninguna, sin embargo, dice

Qué oculta ese silencio

De donde brotan las flores intensas del desencanto

Y los presentimientos, que no son palabras,

Apenas latidos de un corazón

Sin ritmo ni motivos.

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Rosa

Rosa, 86 años, es una mujer menuda, concentrada, de cara amable y expresión risueña. La vi por primera vez subiendo por la escalera hasta su habitación del sexo piso los crueles escalones repentinos y fatigosos. Una escalera conserva el recuerdo de una vida, y en ella se exponen, como cuadros a lo largo de sus paredes, los años transitados sobre ella y los periodos de tiempo que de otra manera no dejarían rastro en la memoria. Recordamos los instantes felices, aquellos asociados a lugares y personas, las circunstancias que tallaron nuestro interior, incluso nimiedades que desazonan o llegan a forzarnos a sonreír, pero el largo arco que se desliza a través de meses, de años, que no cesa nunca ni deja rastro más que en los ojos de quienes habitan en la distancia, lo apreciamos apenas en los tramos constantes de la escalera de nuestra casa. Su presencia se impone de manera constante y, llegado el momento, abrumadora, de esa forma tan imprecisa e inadvertida como se agostan las flores de la centaurea. Pero ocurre al detenerse en el rellano del segundo y observar con estupor que todavía faltan dos pisos mientras la fatiga se apodera de tu respiración. El tramo largo de la vida, eso ya vivido y por donde braceamos como en horizonte infinito, se resume allí en el jadeo, en la pereza de tener que seguir adelante, de observar con un cierto escozor en la memoria lo lejanas que se sitúan las cosas que parecían amigables.

Apenas habla. Creo que en el tiempo que llevo aquí habremos cruzado unas cuantas palabras. Pero tampoco habla con las demás personas de la casa. Su vida ya transcurre en el silencio y en el más absoluto abandono. Nunca ha venido nadie a verla en este tiempo ni ha recibido correo o alguna noticia. Está aquí, está en ningún sitio. Quizá podría suponer que rememora su pasado o que vive de los recuerdos y de la nostalgia, pero creo que tampoco le sucede eso. Su ausencia es total, si acaso se refugia en la memoria será tan secreto como lo es su vida entera. No lee, no ve la televisión. Si alguien me pidiera la definición de un fantasma, diría: Rosa, 86 años, de Madrid.

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GLOSAS A LAS FLORES DEL CAPÍTULO 7 DE MEDITACIONES SOBRE LOS CANTARES DE SANTA TERESA

De la mente que sueña el consuelo

de intuir el alba,

cada luz, cada mirada,

la tensión de la espera,

la inquietud de la noche

por donde discurrimos oscuros,

del horizonte en el que, humanos,

nos acontece vivir

entre el tráfago y la prisa

por donde ruge

la estela circular del mundo

del alma que sueña,

de la mente enclaustrada

navegando silente por entre los deseos,

 

escribiste:

 

Y pedís flores

 

Y se dibuja en el rostro el reflejo

inconstante de nuestra espera,

y en el ver la figura,

posibilidad y promesa.

Adquiere constancia  el presentimiento,

en la palabra y los rumores,

cabe las palabras que inauguran

más allá de su aliento

la pretensión que construye  la casa y el camino.

 

Por eso escribiste :

 

Sostenedme con flores

 

 

¿A quién vemos al mirar

cuando el mirar refleja el horizonte

y la espera? Con la figura el recuerdo de la promesa o la promesa,

la intensidad inquieta del delirio

por donde discurre

lo que somos,

como hojas suaves de un río de otoño,

como olas continuas

acariciando la pétrea oquedad del tiempo

 

Por eso escribiste:

 

De otro olor son esas flores De otro olor son esas flores que acá olemos

 

 

Antes del alba

el contorno y la mirada que busca la figura.

Antes del alba la intensidad del presentimiento.

Antes del alba

la inquietud que florece en certidumbre

y lo que acontece,

todavía no y ya acontece.

 

Por eso escribiste

 

Son admirables y olorosísimas (estas flores)

 

El trámite de la promesa,

como de la mirada el reflejo,

o la presencia ensimismada,

de ardiente luz en urgente abrazo,

en propio color transformada.

Cabe la noche estalla la luz de la alborada

Por eso escribiste

 

El fruto gustosísimo de estas flores o la presencia inaugurada

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Das grammatische Auge

Un pequeño premio para mi cuento Das grammatische Auge (El ojo gramático) de la Escuela Oficial de Idiomas de Alcorcón. Con un poco de ayuda…, pero puedo decir que el cuento es mío.

ojo

 Das grammatische Auge

 Jeden Morgen sage ich meinen Augen: öffnet euch mal! Sie öffnen sich  gehorsam, pünktlich, großzügig zum Licht. Eines Morgens sagte ich, wie immer: Öffnet euch!!!, aber nur eins von ihnen öffnete sich.  Ich geriet in Panik und ging schnell zum Arzt. Der Augenarzt sagte etwas Seltsames, seltsame Worte, aber immerhin, dass ich ein Auge verloren hatte. Am nächsten Morgen sagte ich besorgt: öffnet euch mal. Aber nichts passierte. Ich dachte mit Angst: ich bin blind! Eine Weile später dachte ich… und sagte ich…: öffne dich!!!, und es öffnete sich und das Licht tauchtete meinen Geist ein. Das ist ein sehr strenges Auge in grammatischer Hinsicht.

 El ojo gramático

  Cada mañana al despertar digo a mis ojos: ¡abríos!  Ellos, obedientes, puntuales, generosos se abren a la luz. Una mañana dije, como siempre: ¡abríos!, pero sólo uno de ellos lo hizo. Asustado, fui rápidamente al médico. El oftalmólogo dijo algo raro, palabras extrañas, pero, al fin y al cabo, que había perdido un ojo.  A la mañana siguiente, inquieto, grité: ¡abríos!, y nada sucedió. Pensé con angustia: ¿estoy ciego! Después de un rato pensé… y dije…: ¡ábrete!  Se abrió y la luz baño mi cerebro. Es un ojo muy estricto en corrección gramatical.

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Me gustaría

Que te pusieras flores,

me gustaría,

en la manos y el pelo,

me gustaría.
Flores verdes y rojas,

me gustaría,

con una cinta blanca,

me gustaría.
Como las amapolas,

me gustaría,

que adornan el trigal,

me gustaría.
Y que entre las espigas,

me gustaría,

brillara tu sonrisa,

me gustaría.

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Pinares de El Espinar

 

¡Cuántas veces he paseado

por entre estos pinos,

envuelto en la luz y el olor

de la brisa del poniente

o con las primeras luces

que acarician las cumbres azules a lo lejos!

Y envuelto en la luz que atraviesa

los árboles umbrosos

he caminado sin rumbo

por entre mis pensamientos,

ascendiendo entre la luz hasta el alto cielo

que se derrama lentamente hacia Castilla

Perdido en la luz

he vagado entre el sosiego

con esa calma con que florecen las breves tallos de la centaurea

o el mirlo desgrana su melodía.

Y perdido en la luz

encontraba el límite y el acaso del laberinto

o que no importaba perderse por entre estos montes maternales

de múltiples caminos,

entre los troncos caídos

y la nitidez del aire claro

por donde se pasean mis sueños

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www.Platón (para el día de la poesía)

 

Viejo amigo…, Platón,

en las suaves laderas del Licabeto,

por entre los muros de la Academia

o en la discusión en el foro con aquellos

que tu palabra de futuro escuchaban,

anticipabas la novedad de ahora

sin decirla con las palabras de ahora,

pero enseñabas que lo que aparece no es,

y lo que es radica, último y primero,

en la luminosidad incandescente de la memoria.

Imaginaste que la realidad

se ocultaba tras sí misma

especularmente bella.

Allí el sol resplandecía más aún, simiente de lo divino.

También a unos hombres clausurados en sí mismos

evocaste cargados de cadenas

y a otros deslumbrados por luz fulgurante de lo cierto.

Contemplaste el mundo intenso que flota

más allá del abismo del sentido

cabe  la perfecta quietud

de lo que siempre persiste constantemente idéntico.

Casi estabas aquí…

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