Rosa

Rosa, 86 años, es una mujer menuda, concentrada, de cara amable y expresión risueña. La vi por primera vez subiendo por la escalera hasta su habitación del sexo piso los crueles escalones repentinos y fatigosos. Una escalera conserva el recuerdo de una vida, y en ella se exponen, como cuadros a lo largo de sus paredes, los años transitados sobre ella y los periodos de tiempo que de otra manera no dejarían rastro en la memoria. Recordamos los instantes felices, aquellos asociados a lugares y personas, las circunstancias que tallaron nuestro interior, incluso nimiedades que desazonan o llegan a forzarnos a sonreír, pero el largo arco que se desliza a través de meses, de años, que no cesa nunca ni deja rastro más que en los ojos de quienes habitan en la distancia, lo apreciamos apenas en los tramos constantes de la escalera de nuestra casa. Su presencia se impone de manera constante y, llegado el momento, abrumadora, de esa forma tan imprecisa e inadvertida como se agostan las flores de la centaurea. Pero ocurre al detenerse en el rellano del segundo y observar con estupor que todavía faltan dos pisos mientras la fatiga se apodera de tu respiración. El tramo largo de la vida, eso ya vivido y por donde braceamos como en horizonte infinito, se resume allí en el jadeo, en la pereza de tener que seguir adelante, de observar con un cierto escozor en la memoria lo lejanas que se sitúan las cosas que parecían amigables.

Apenas habla. Creo que en el tiempo que llevo aquí habremos cruzado unas cuantas palabras. Pero tampoco habla con las demás personas de la casa. Su vida ya transcurre en el silencio y en el más absoluto abandono. Nunca ha venido nadie a verla en este tiempo ni ha recibido correo o alguna noticia. Está aquí, está en ningún sitio. Quizá podría suponer que rememora su pasado o que vive de los recuerdos y de la nostalgia, pero creo que tampoco le sucede eso. Su ausencia es total, si acaso se refugia en la memoria será tan secreto como lo es su vida entera. No lee, no ve la televisión. Si alguien me pidiera la definición de un fantasma, diría: Rosa, 86 años, de Madrid.

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GLOSAS A LAS FLORES DEL CAPÍTULO 7 DE MEDITACIONES SOBRE LOS CANTARES DE SANTA TERESA

De la mente que sueña el consuelo

de intuir el alba,

cada luz, cada mirada,

la tensión de la espera,

la inquietud de la noche

por donde discurrimos oscuros,

del horizonte en el que, humanos,

nos acontece vivir

entre el tráfago y la prisa

por donde ruge

la estela circular del mundo

del alma que sueña,

de la mente enclaustrada

navegando silente por entre los deseos,

 

escribiste:

 

Y pedís flores

 

Y se dibuja en el rostro el reflejo

inconstante de nuestra espera,

y en el ver la figura,

posibilidad y promesa.

Adquiere constancia  el presentimiento,

en la palabra y los rumores,

cabe las palabras que inauguran

más allá de su aliento

la pretensión que construye  la casa y el camino.

 

Por eso escribiste :

 

Sostenedme con flores

 

 

¿A quién vemos al mirar

cuando el mirar refleja el horizonte

y la espera? Con la figura el recuerdo de la promesa o la promesa,

la intensidad inquieta del delirio

por donde discurre

lo que somos,

como hojas suaves de un río de otoño,

como olas continuas

acariciando la pétrea oquedad del tiempo

 

Por eso escribiste:

 

De otro olor son esas flores De otro olor son esas flores que acá olemos

 

 

Antes del alba

el contorno y la mirada que busca la figura.

Antes del alba la intensidad del presentimiento.

Antes del alba

la inquietud que florece en certidumbre

y lo que acontece,

todavía no y ya acontece.

 

Por eso escribiste

 

Son admirables y olorosísimas (estas flores)

 

El trámite de la promesa,

como de la mirada el reflejo,

o la presencia ensimismada,

de ardiente luz en urgente abrazo,

en propio color transformada.

Cabe la noche estalla la luz de la alborada

Por eso escribiste

 

El fruto gustosísimo de estas flores o la presencia inaugurada

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Das grammatische Auge

Un pequeño premio para mi cuento Das grammatische Auge (El ojo gramático) de la Escuela Oficial de Idiomas de Alcorcón. Con un poco de ayuda…, pero puedo decir que el cuento es mío.

ojo

 Das grammatische Auge

 Jeden Morgen sage ich meinen Augen: öffnet euch mal! Sie öffnen sich  gehorsam, pünktlich, großzügig zum Licht. Eines Morgens sagte ich, wie immer: Öffnet euch!!!, aber nur eins von ihnen öffnete sich.  Ich geriet in Panik und ging schnell zum Arzt. Der Augenarzt sagte etwas Seltsames, seltsame Worte, aber immerhin, dass ich ein Auge verloren hatte. Am nächsten Morgen sagte ich besorgt: öffnet euch mal. Aber nichts passierte. Ich dachte mit Angst: ich bin blind! Eine Weile später dachte ich… und sagte ich…: öffne dich!!!, und es öffnete sich und das Licht tauchtete meinen Geist ein. Das ist ein sehr strenges Auge in grammatischer Hinsicht.

 El ojo gramático

  Cada mañana al despertar digo a mis ojos: ¡abríos!  Ellos, obedientes, puntuales, generosos se abren a la luz. Una mañana dije, como siempre: ¡abríos!, pero sólo uno de ellos lo hizo. Asustado, fui rápidamente al médico. El oftalmólogo dijo algo raro, palabras extrañas, pero, al fin y al cabo, que había perdido un ojo.  A la mañana siguiente, inquieto, grité: ¡abríos!, y nada sucedió. Pensé con angustia: ¿estoy ciego! Después de un rato pensé… y dije…: ¡ábrete!  Se abrió y la luz baño mi cerebro. Es un ojo muy estricto en corrección gramatical.

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Me gustaría

Que te pusieras flores,

me gustaría,

en la manos y el pelo,

me gustaría.
Flores verdes y rojas,

me gustaría,

con una cinta blanca,

me gustaría.
Como las amapolas,

me gustaría,

que adornan el trigal,

me gustaría.
Y que entre las espigas,

me gustaría,

brillara tu sonrisa,

me gustaría.

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Pinares de El Espinar

 

¡Cuántas veces he paseado

por entre estos pinos,

envuelto en la luz y el olor

de la brisa del poniente

o con las primeras luces

que acarician las cumbres azules a lo lejos!

Y envuelto en la luz que atraviesa

los árboles umbrosos

he caminado sin rumbo

por entre mis pensamientos,

ascendiendo entre la luz hasta el alto cielo

que se derrama lentamente hacia Castilla

Perdido en la luz

he vagado entre el sosiego

con esa calma con que florecen las breves tallos de la centaurea

o el mirlo desgrana su melodía.

Y perdido en la luz

encontraba el límite y el acaso del laberinto

o que no importaba perderse por entre estos montes maternales

de múltiples caminos,

entre los troncos caídos

y la nitidez del aire claro

por donde se pasean mis sueños

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www.Platón (para el día de la poesía)

 

Viejo amigo…, Platón,

en las suaves laderas del Licabeto,

por entre los muros de la Academia

o en la discusión en el foro con aquellos

que tu palabra de futuro escuchaban,

anticipabas la novedad de ahora

sin decirla con las palabras de ahora,

pero enseñabas que lo que aparece no es,

y lo que es radica, último y primero,

en la luminosidad incandescente de la memoria.

Imaginaste que la realidad

se ocultaba tras sí misma

especularmente bella.

Allí el sol resplandecía más aún, simiente de lo divino.

También a unos hombres clausurados en sí mismos

evocaste cargados de cadenas

y a otros deslumbrados por luz fulgurante de lo cierto.

Contemplaste el mundo intenso que flota

más allá del abismo del sentido

cabe  la perfecta quietud

de lo que siempre persiste constantemente idéntico.

Casi estabas aquí…

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DE LA MIRADA

 

DEL OTRO

No altera la mirada la luz,
la intensidad cenital de la luz,

sino el otro,
la del otro,
la mirada del otro,

la sugerencia que evoca el horizonte estricto del cauce
por donde discurre la conciencia.

En ese acontecer construimos nuestro propósito.

Y es quicio, el eje por donde se insinúan
las formas que afianzan
la ilusión de la memoria,

o el matiz o el rasgo
donde especularmente se fija
la presencia, nuestra solidez entre las cosas.

Como el aliento evoca un cuerpo y su calor,
el juego que siempre se juega,
consolida la mirada la sugerencia,
la forma y el instante,
ese momento de renacer y su angustia.

———————————————

DEL ESPEJO
Frente al espejo la mirada detenida, ausente o muda,
donde nadie más dialoga o estima
los propósitos, salvo la ineludible presencia.

Pero el reflejo no es luz ni tampoco expectativa,

nada más que hueco
del mundo bipolar y la gangrena
donde alardea el quehacer,

y conciencia recobrada.

El espejo converge en el futuro
con la urgencia del temor,
con la prisa de lo postrero,

la circular presencia, y el color,
fomenta la huida: incluso los héroes
enturbian el semblante o hurtan el rostro.

Solo el reflejo espera, como los lamentos,
balanceando en la inercia su tentáculo viscoso,

e inaugura, sumido en la inquietud,
la derrota siempre presente
con su estela de renuncias.

Sola la figura, el reflejo y el presentimiento
en la mirada

—————————————————-
DE SÍ
¿Entonces quién inaugura de sí cada día
el círculo eterno del retorno,
de ser siempre sí mismo
ya acontecido?

De nuevo igual.
Amanecemos a la conciencia

en el ritmo y la melodía de las formas
con la fugacidad veloz de la luz.

Frente al espejo del otro.

En la memoria de la mirada.

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CREPÚSCULO URBANO

Decaen los últimos fulgores del sol
entre estos edificios carentes de hermosura,
de la dulzura de las aristas
limadas por el tiempo,
de la pátina de la historia,
aturdidos por el motor de los coches,
los gritos de la calle
y el humo insomne de los hombres escondidos
tras sus prisas.
Noche de plomo, de silencio,
de mañana peor, de premonición y ladridos,
del grifo que gotea y las gafas de los niños,
de lo que no es poesía
ni héroes homéricos
ni lo sublime del Pseudodionisio
ni el virtuosismo de Ovidio
ni nada.
El sol aletea entre los bloques de ladrillo
como entonces el ángel de Yahvé entre los egipcios,
ahora empuñando la soledad intensísima del ruido
y la rutina.
Y sin embargo…
en esta ciudad siempre ajetreada
también se inflama el cielo ruboroso
en crepúsculo intenso de armonía,
rebosando en su cálida nostalgia
de honda tristeza y mágico sosiego

Premio Alcorcón del XXIV CERTAMEN DE POESÍA A.M.P.P.I. (Asociación de Mujeres Progresistas)

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Reflexiones sobre las palabras: adjetivo

Supongamos un adjetivo:
“hermoso”, por ejemplo
que ya por sí mismo algo expresa
pero aún no tiene entidad ni naturaleza
apenas si existe
a no ser que lo pensemos sólido, opaco,
sustantivado, es decir,
otra cosa.
Volvamos a su presencia de adjetivo,
requiere lo que no es,
la presencia, la consistencia del nombre
al que se aferra.
Quizá un verbo suavice su angustia
pero solicitará de él la servidumbre del predicativo
le impondrá la cadena de su presencia constante
e inmediata, “el hombre habló falaz”;
sombra de aire sobre su inconsistencia;
como continua sobre la vida,
la presencia huraña de la ausencia.
Triste destino asume el adjetivo,
tan hermoso.

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Poema

Este poema tiene cabeza,
ojos, nariz, corazón, manos, pene.
Escribo un poema virilmente dolorido,
con la soledad abrumada y leal
del chopo contra el azul ausente del cielo.
Escribo un poema triste
que no habla sino de lo caduco y postrero
y de lo que pesa, a veces, esta maquinaria
de carne y olvido
que anuncia en la piel y la mirada
la quebradiza raíz de los deseos.
Pero no estoy triste por eso,
estoy triste de otoño y de invierno,
con frío en los huesos,
un frío esquivo de casa sin muebles ni alacena,
triste de hombre deshabitado
sin abrazos ni besos,
de hombre solo, enclaustrado en sí mismo
ausente y quieto,
ya casi estatua de mármol
sumida en pétreo movimiento.
Toca la consistencia de la vida
repique y clamor en el inalterable cielo
del destino
que navega constante
al manso océano del inmenso olvido.

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